Por. Fernando Coca
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La presidenta Claudia Sheinbaum convocó a que, a partir de esta semana se realicen asambleas en las plazas públicas para informa que México defiende su soberanía.
Desde el 28 de abril, en la Cámara de Diputados, inicié un recorrido por el territorio nacional para exponer el sistema que permite el tráfico de armas de los Estados Unidos a México. He visitado alcaldías de la Ciudad de México, estuve en el Centro Universitario de Guadalajara de la UdeG. También en la Facultad de Derecho de la UNAM platiqué con alumnos y maestros de los riesgos de perder la soberanía por el poder de fuego que tienen los grupos criminales al poseer armas de uso militar para controlar espacios territoriales.
Estuve en el Colegio de San Luis, en la capital potosina, en donde docentes, alumnos y miembros de la sociedad civil de ese estado se sumaron a una discusión que no podemos postergar en México: la crisis de violencia generada por las armas estadounidenses en manos del crimen organizado.
Las voces que escuché en Acapulco coinciden con las de Nicolás Romero y las de Tlalpan: por qué Estados Unidos exige detener el flujo de fentanilo hacia su territorio, pero no controla la venta de armas de guerra que usan los delincuentes transnacionales para traficar drogas, personas, armas y todo lo ilegal que exista.
El llamado de la presidenta Sheinbaum es pertinente. Un sector en Estados Unidos pretende influir en la vida política de nuestra nación como ya lo hace una parte de la cadena de la industria armamentista de ese país: fabrican armas que saben que están destinadas para venderlas a los grupos criminales que llenan las calles de Estados Unidos de fentanilo sin importar las muertes que eso ocasione.
Cuidar de la soberanía implica decidir con quién queremos colaborar para el desarrollo de México. Está claro que la industria de fabricación y venta de armamento no está en la lista de los aliados.
Con Balas con Remitente, visitaré cada rincón del país en donde los ciudadanos estén dispuestos no sólo a debatir el tema, sino a entrar en acción para que, organizados, las autoridades de los tres niveles y de los tres poderes, hagan su trabajo.
El poder de las armas que Estados Unidos le vende a los criminales incide en la vida cotidiana. Detiene el desarrollo económico, posterga la educación, impide la generación de empleos y deteriora la convivencia social por la violencia que generan.
Además, pauperizan la vida democrática.
Desde finales de abril estoy en el territorio, con estudiantes, amas de casa, trabajadores, autoridades municipales y todos aquellos que quieren ejercer su ciudadanía llevando un mensaje para ejercer nuestro poder soberano.
Hay resistencias, pero somos más lo que queremos que México decida por sí su destino y no con injerencias de sectores interesados en desestabilizar a nuestra nación.
Las armas que entran ilegalmente a México son la punta de lanza de esos sectores que quieren incidir en el país y no les importan los cientos de miles de muertes de jóvenes que se registran en México y en los Estados Unidos por sus armas y sus drogas.
La Letrina. El Congreso de Michoacán aprobó una ley que impide a las candidaturas independientes agruparse, coordinarse y compartir lemas y símbolos. El Movimiento del Sombrero, que hoy encabeza Grecia Quiroz luego del asesinato de su marido, Carlos Manzo, trae a los políticos de ese estado en pánico. Un movimiento ciudadano ya les puso la vara muy alta a los políticos tradicionales en la tierra del general.
