Por. Saraí Aguilar
X: @saraiarriozola
Dicen por ahí que a nadie le venden dos veces espejitos por pedazo de cielo, pero nadie recuerda que el hombre es el único que tropieza dos veces con la misma piedra. Esto parece confirmarse con la visita reciente de Isabel Díaz Ayuso… de la comunidad de Madrid a la ciudad de México.
Dicha visita ha quedado en un limbo tanto para españoles como para los mexicanos, (los mejicanos no sabemos), pues no se logra situar entre lo diplomático o un cruce de agendas personales o ideológicas. Pero mientras se descifra lo anterior, lo que sí resultó evidente más allá de escribir Mejico, eso solo fue el reflejo del anacronismo que se reflejó en el discurso de ese día que bien vale revisarlo.
Desde la Universidad de la Libertad, la presidenta madrileña apeló al discurso de la “Madre Patria” civilizadora y conquistadora. Si, ella, una mujer desde el poder no representa, yendo a tono con su misma pretensión histórica, a una heredera de las mujeres ilustrada sino a una conquistadora. Una mujer que, beneficiada por el sistema patriarcal, reivindica el legado de Hernán Cortés bajo la máscara de valentía masculina y guerrera. Sí ella, quien no entiende que no entiende que aun entre las iguales hay unas más iguales que otras, se presenta en una narrativa donde el mestizaje es romantizado borrando de un plumazo la violencia sistémica que sufrieron las mujeres indígenas.
Pero la visita de Díaz Ayuso podría pasar sin más. Lo realmente alarmante es que no todo queda en un discurso para el olvido. Pues hay visitas que no vienen a abrir diálogos como algunos argumentan, sino a validar prejuicios.
Se ha usado su mensaje como una distinción al estilo de la colonia: de casta. Para quienes la aplauden, Ayuso representa ese “aspiracionismo” que desprecia lo popular, lo indígena y lo mexicano. El mensaje es claro: ser “ayusista” en México es una forma de decir que se pertenece a un estrato superior, a una comunidad de elegidos que se ríen de las reivindicaciones sociales calificándolas de “resentimiento”. Aquí, el clasismo no es un error de comunicación, es el núcleo del mensaje.
La oposición ha tomado esta batalla, este clasismo como una bandera de resistencia, pero es una resistencia contra la igualdad. Al abrazar la postura la “Hispanidad” de Ayuso, están reclamando su derecho a decidir quién es civilizado y quién no.
Ayuso no trajo ideas nuevas; trajo el permiso para que el clasismo mexicano saliera del clóset con renovado orgullo. Al final, lo central no fue la presidenta de Madrid, sino el coro de voces locales que, al vitorearla, confirmaron que su única patria es el privilegio y su única lengua, el desprecio por lo que nos es propio.
