lunes 27 abril, 2026
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COLUMNAS COLUMNA INVITADA

SA RIBA DE LA VALL Personas en situación de calle: la ayuda que encubre omisiones

Por. María del Socorro Pensado Casanova

X: @mariaaspc / IG: @pcasanovams

 

Las personas en situación de calle evidencian las fallas estructurales de un gobierno incapaz de garantizar un verdadero estado de bienestar para toda su población. Más allá de la ausencia de un hogar, se trata de una realidad profundamente marcada por desigualdades que comienzan mucho antes de habitar el espacio público. Calles, puentes y parques dejan de ser lugares transitables convirtiéndose en espacios de subsistencia.

Durante décadas, términos como indigentes, vagabundos o sin techo, han sido utilizados para nombrar a estas personas, reproduciendo modelos que estigmatizan y reducen su realidad a la etiqueta de “personas de la calle”. Estas denominaciones simplifican su situación y refuerzan narrativas que invisibilizan las causas profundas de su exclusión. Frente a esto, el lenguaje ha evolucionado junto con el enfoque de derechos humanos, reconociendo a las personas en situación de calle desde su dignidad. Así, este cambio implicó dejar de definir a las personas por una condición permanente y reconocer que se trata de una circunstancia temporal atravesada por factores sociales, económicos y estructurales.

Hace tiempo, me encontraba hablando con una compañera abogada sobre la manera de convencer a una persona en situación de calle para acudir a un refugio y recibir comida, así como de tener la posibilidad de bañarse y dormir dentro de este sitio. Sin embargo, ambas, reconocimos con impotencia que no todas las personas en estas condiciones buscan regresar a un hogar, o por lo menos, a un espacio en el que se lleguen a sentir controladas, y, en la mayoría de los casos, tomando en cuenta las posibles adicciones al consumo de sustancias psicoactivas, se niegan a dejar la vía pública.

El objetivo de casi todas las políticas públicas dedicadas al apoyo de las personas en situación de calle es buscar y encontrar la manera de que sigan un proyecto de vida en mejores condiciones y contando con oportunidades de salir adelante. Si bien, es necesario analizar las condiciones que enfrentan todas las personas en situación de calle, para generar respuestas más efectivas, resulta imprescindible incorporar una perspectiva interseccional que permita identificar las diferencias dentro de este grupo vulnerable.

La calle no se vive de la misma forma para todas las personas. En particular, es necesario visibilizar la posición que ocupan las mujeres, cuyas experiencias no pueden comprenderse desde una mirada general. El género introduce riesgos, violencias y dinámicas específicas que deben ser reconocidas para evitar análisis incompletos y respuestas institucionales insuficientes.

Desde una lógica asistencialista, la falta de alternativas y la invisibilidad se resuelven con acudir a un refugio y recibir atención integral. No obstante, en la práctica, la exposición constante a peligros, la maternidad, las separaciones familiares, la discriminación y la violencia rebasan la realidad de atender de manera eficaz la emergencia que representa reconstruir proyectos de vida y garantizar el acceso a servicios públicos para todas las personas, se encuentren en situación de calle o no.

A todo esto, se suma una problemática todavía más preocupante, durante los últimos años la política y las redes sociales han convertido la realidad de las personas en situación de calle en contenido, en particular para alzar la bandera humanista y feminista. Se difunden videos donde mujeres en situación de calle son grabadas mientras reciben ayuda, acompañadas de discursos que celebran la acción como un logro individual o institucional.

Pocas veces se cuestiona si estas imágenes fueron captadas con consentimiento informado o si respetan su intimidad y dignidad al exponerlas públicamente. Lo peor es que se da privilegio a la figura de quien ayuda, y no en las personas que padecen las condiciones de vulnerabilidad. Así, la visibilización se transforma en espectáculo y la atención en una forma de validación social que reproduce desigualdades.

Es evidente que la proliferación de creadores de contenido que documentan encuentros con personas en situación de calle convierten sus historias en material de consumo y vulneran sus derechos como históricamente se ha hecho, sin tener límites para realizarlo.

Hablar de personas en situación de calle y de la indefensión que enfrentan no implica abordar una problemática desconocida, pues se han registrado avances en la protección de sus derechos. Se trata de reconocer esta realidad y de no seguir normalizándola como parte inevitable del entorno social. Menos espectáculo y mayor compromiso con acciones reales y cumplimiento de obligaciones.

 

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