Por. Saraí Aguilar
X: @saraiarriozola
En el país de las incongruencias, mientras las mujeres poderosas lloran por un tinte, otras lloran por sus desaparecidos ante la indolencia gubernamental.
En medio del llanto, la senadora Juanita Guerra aseguró que fue un grupo de senadoras de Morena el que la invitó a hacer uso del salón de belleza ubicado en el segundo piso del Senado, pero ahora que fue captada cuando le pintaban el cabello la dejaron sola, ni una sola llamada le han hecho y hasta han negado que usen el espacio. Alegó que ha sido víctima de violencia de género al ser fotografiada y presuntamente alterada su imagen en el polémico salón de belleza del Senado.
Y así, mientras alguna sufre por la consecuencia de sus actos, otras mujeres sufren ante el silencio de las autoridades mientras buscan a sus seres queridos.
Por ejemplo, Brenda Valenzuela Gil, madre de Carlos Emilio, joven duranguense desaparecido en Mazatlán hace ya cuatro meses, cuestionó el hermetismo y la falta de transparencia con la que las autoridades han manejado la información relacionada con el reciente hallazgo de una fosa clandestina en la comunidad de El Verde, en el municipio de Concordia.
A través de una publicación en redes sociales, la madre del joven, desaparecido la madrugada del 5 de octubre, expresó su preocupación por el hallazgo de la fosa y por la ausencia de información oficial sobre la cantidad e identidad de las víctimas, al señalar que el silencio institucional no brinda certeza ni protección a las familias, sino que incrementa la angustia y la desconfianza.
Ella es una más de las mujeres que sufren en este país por conocer el paradero de sus seres amados.
Otra es Verónica Sabino, quien pide ayuda para localizar a sus cuatro hijos, los turistas que desaparecieron en Mazatlán cuando la llevaron a celebrar su cumpleaños. “Soy una madre destrozada (…) No perdí ni uno ni dos, fueron cuatros hijos, ayúdenme”, dijo.
Y cómo dejar de lado a las esposas, madres, hijas y hermanas de los diez mineros desaparecidos en Concordia, Sinaloa, quienes merecen ser nombrados: José Ángel Hernández Vélez, Francisco Antonio Esparza Yáñez, José Manuel Castañeda Hernández, Saúl Alberto Ochoa Pérez, Antonio de la O Valdez, Ignacio Aurelio Salazar Flores, José Antonio Jiménez Nevárez, Miguel Tapia Rayón, Javier Emilio Valdez Valenzuela y Javier Guillermo Vargas Valle.
Pero, por desgracia, estas mujeres no tienen un escaño para poder alzar la voz y ser escuchadas. Y para mayor desgracia ellas no lloran sólo por un tinte. Senadora, tenga tantita vergüenza, guarde sus lágrimas, pues éste es un país donde miles de mujeres buscan a sus desaparecidos, cavando fosas con picos y palas, sin tiempo para un tinte.
