lunes 23 marzo, 2026
Mujer es Más –

Por. María del Socorro Pensado Casanova

X: @mariaaspc / IG: @pcasanovams

 

“Dentro de nosotros hay algo que no tiene nombre, ese algo es lo que somos.”
José Saramago, Ensayo sobre la ceguera, 1995.

 

Desde que tengo memoria he tenido la oportunidad de estar rodeada de mujeres que han perseguido sus objetivos sin dejar de librar los obstáculos que se atraviesan en el día a día. Empezando por mi madre, siguiendo con sus mejores amigas y terminando hasta ahora con las personas que yo tengo la fortuna de llamar hermanas, cada día, el destino me demuestra la grandeza que existe en la búsqueda, el encuentro y el ejercicio de la autenticidad como motor de vida.

¿Por qué la autenticidad de una persona se lleva tanto por donde pasa? Si bien, tal y como dicen “no somos monedita de oro para caerle bien a todo el mundo”, recuerdo cómo La Chata me decía, entre las mil y una tardes que compartimos juntas, hay que defender nuestros ideales y ser quienes realmente somos, únicas, justo como ella era y nos enseñó a ser.

La trayectoria de todas las personas es la que más importa, y así como prohíben tener espacios en blanco en los curriculum vitae, deberíamos tener prohibido dejar de ser nosotros mismos en cualquier momento y situación en la que nos encontremos. Porque al final, lo único verdaderamente nuestro no son los logros, ni las versiones que otros construyen sobre nosotros, sino la coherencia entre lo que sentimos, pensamos y hacemos. Ser auténticos no es un acto estático, es una práctica diaria que implica valentía, incomodidad y, muchas veces, soledad.

Ser auténtica también significa aceptar que no siempre se toman las mejores decisiones, pero sí las más honestas con quienes somos en ese momento. Y eso, lejos de ser un error, es una forma de lealtad con la propia historia. La vida no se trata de evitar caídas, sino de reconocerlas, habitarlas y transformarlas en aprendizaje. Ahí es donde la autenticidad se convierte en motor y en la capacidad de seguir siendo, incluso cuando todo alrededor parece invitar a dejar de ser.

Crecer duele. Soltar duele. Elegirse a una misma duele, pero también libera. Hay vínculos que construyen y otros que, aunque se amen profundamente, es necesario dejar atrás para no perderse en el intento de sostenerlos. No hay mayor acto de amor propio que saber retirarse a tiempo, incluso cuando el corazón insiste en quedarse.

La vida no se detiene para que sanemos. El mundo sigue girando mientras se reconstruyen pedazos internos, y en medio de esa inercia se aprende a sostenerse. A trabajar con el alma rota, a sonreír con el corazón cansado, a cumplir con las responsabilidades mientras por dentro se libran batallas silenciosas. Y aun así, se sigue. Siempre se sigue y todo se pasa.

La autenticidad no está en mostrarse fuerte todo el tiempo, sino en permitirse ser vulnerable sin perder la esencia. En reconocer cuándo ya no se es la misma persona y, en lugar de resistirse, abrazar la transformación. No somos quienes fuimos ayer, ni seremos las mismas mañana, y ahí radica también la belleza de existir.

No todo lo que llega está destinado a quedarse, pero todo deja algo. Personas, momentos, palabras, silencios. Todo construye. Todo deja huella. Y aunque algunas cicatrices duelan más que otras, con el tiempo se convierten en recordatorios de lo que se ha sido capaz de atravesar.

Y en medio de todo, la autenticidad aparece como refugio. Como ese lugar interno al que siempre se puede regresar cuando todo lo demás se tambalea. Porque cuando se es fiel a quien se es, incluso en los momentos más oscuros, se encuentra una forma de sostenerse que no depende de nadie más.

Por eso, hoy es momento de ser personas auténticas que defienden sus posturas. A no traicionarse por encajar en un determinado grupo, a no silenciarse por miedo, a no disminuirse para que otros se sientan cómodos. Ser quienes somos puede incomodar, puede cuestionar, puede incluso doler, pero también libera, construye y transforma.

En este mes de marzo, de mujeres y de primavera inundada de jacarandas, les invito a elegirse, a sostener su voz, a abrazar su historia y a no renunciar jamás a quienes son. Porque en esa elección constante de ser, con todo lo que implica, es donde verdaderamente comienza la vida.

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