sábado 31 enero, 2026
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¿Qué pasa en tu cerebro cuando tejes?

Durante mucho tiempo, el tejido ha sido considerado una actividad artesanal o recreativa, asociada principalmente al ocio y a la tradición. Sin embargo, desde la neurociencia, hoy se reconoce como una práctica compleja que involucra múltiples procesos cerebrales y que puede aportar beneficios relevantes al bienestar cognitivo y emocional.

En un contexto donde el deterioro cognitivo y la sobrecarga mental son cada vez más frecuentes, comprender los efectos del tejido permite resignificar esta actividad como una herramienta accesible para apoyar la salud cerebral a lo largo de la vida.

UNAM Global entrevistó a Vani G. Rajendran, investigadora del Instituto de Fisiología Celular (IFC) de la UNAM, y a Gina Lorena Quirarte, investigadora del Instituto de Neurobiología (INB), campus Juriquilla, para conocer qué ocurre en el cerebro cuando una persona teje.

Más que una actividad manual

Tejer implica la participación coordinada de diversas regiones cerebrales. No se trata de una actividad localizada en una sola área, sino de un proceso distribuido que integra funciones cognitivas, motoras y sensoriales. De acuerdo con Gina Lorena Quirarte, una de las redes clave es la red frontoparietal, que conecta la corteza frontal —relacionada con la planificación, la atención y el control ejecutivo— con las regiones parietales encargadas de la integración sensorial y espacial. Esta red permite organizar la secuencia de acciones, mantener la atención y regular los movimientos necesarios para tejer.

Otro componente fundamental es la memoria procedimental, responsable de automatizar habilidades motoras aprendidas. Esta función se asocia estrechamente con los ganglios basales, estructuras profundas del cerebro involucradas en el control del movimiento y en el aprendizaje de destrezas.

Tejer no consiste únicamente en mover las manos. Implica observar el tejido en su conjunto, ubicar agujas, reconocer patrones, colores y espacios entre puntadas, así como ajustar los movimientos conforme avanza el trabajo.

“La coordinación motora fina es fundamental. Para que existan efectos potencialmente beneficiosos para la salud cerebral, los movimientos deben ser finos, precisos, sincronizados y controlados, como ocurre al tejer”, explicó Quirarte.

A diferencia de otras actividades manuales de baja demanda cognitiva, el tejido exige planificación, atención sostenida, conteo y creatividad de manera constante.

El papel del sistema visual y de la recompensa

El sistema visual también participa activamente en esta actividad. Vani G. Rajendran explicó que el cerebro procesa de forma continua la información proveniente del material: colores, texturas, patrones y formas. Este procesamiento involucra tanto la corteza visual primaria, que recibe la información básica, como las áreas visuales secundarias y asociativas, encargadas de interpretar relaciones espaciales y secuencias.

Además, a medida que el tejido progresa, se asocia con la activación del sistema de recompensa, que incluye a los ganglios basales y al sistema dopaminérgico.

“Tejer suele hacerse por placer, no por obligación, y observar el avance tangible del trabajo se asocia con la activación de circuitos cerebrales relacionados con la motivación y la satisfacción”, señaló Rajendran.

En conjunto, tejer requiere una comunicación constante entre distintas áreas del cerebro, integrando planificación, memoria, coordinación motora, visión y emoción, lo que lo convierte en una actividad cognitivamente compleja.

Neuroplasticidad y reserva cognitiva

A los beneficios funcionales se suman dos conceptos clave en neurociencia: la neuroplasticidad y la reserva cognitiva. La investigadora del INB explicó que la reserva cognitiva se refiere a la capacidad del cerebro para compensar posibles daños o pérdidas neuronales. Actividades como el tejido u otras tareas manuales complejas pueden contribuir a fortalecerla, lo que podría ayudar a retrasar la aparición de síntomas o a mitigar el impacto de enfermedades neurodegenerativas, como el Alzheimer.

En cuanto a la neuroplasticidad, Rajendran señaló que esta se activa de manera particular cuando una persona comienza a tejer sin experiencia previa. En ese proceso, el cerebro enfrenta un reto nuevo: aprender la técnica, cometer errores, corregirlos y automatizar movimientos. Todo ello implica la reorganización de redes neuronales y la formación de nuevas conexiones.

“Incluso cuando la habilidad ya se domina, la actividad sigue siendo beneficiosa si se introducen nuevos patrones, colores o diseños. La plasticidad no se limita a la infancia; el cerebro adulto también puede transformarse estructural y funcionalmente al aprender habilidades nuevas”, afirmó.

Un aliado, no una solución única

Ambas investigadoras coincidieron en que tejer puede considerarse una estrategia complementaria para apoyar la salud cerebral frente al deterioro cognitivo asociado a la edad. No obstante, subrayaron que el tejido, por sí solo, no es suficiente para garantizar un cerebro sano.

Al tratarse de una actividad estática, no sustituye al ejercicio físico ni a otros factores esenciales como una alimentación equilibrada, un metabolismo saludable y un estilo de vida activo. La neuroprotección efectiva surge de la combinación de estimulación cognitiva, actividad física, buena nutrición y manejo del estrés.

¿Reduce el estrés y la ansiedad?

Desde el punto de vista emocional, Gina Lorena Quirarte explicó que al concentrarse en una sola tarea, la atención se focaliza y se reduce la rumiación mental, lo que genera un efecto similar al de prácticas meditativas. Esta focalización favorece estados de calma y contribuye a disminuir el estrés y la ansiedad.

“Se ha observado que este tipo de actividades pueden ayudar a reducir la liberación excesiva de cortisol, la hormona del estrés. Cuando el estrés es crónico, puede afectar negativamente al funcionamiento cerebral. Al disminuirlo, el tejido contribuye a mantener un entorno cerebral más saludable”, añadió.

El componente social también cuenta

Más allá de lo individual, el tejido suele tener una dimensión social importante. Muchas personas se reúnen para tejer, compartir experiencias y aprender juntas. Estas interacciones favorecen el sentido de pertenencia, reducen el aislamiento y aportan beneficios emocionales adicionales. La combinación de estimulación cognitiva y conexión social resulta especialmente valiosa para el bienestar integral.

Puntadas que también cuidan el cerebro

El tejido es una actividad enriquecedora desde el punto de vista neurológico. Involucra procesos visuales, motores, atencionales y emocionales; promueve la relajación y la reducción del estrés; estimula la neuroplasticidad mediante el aprendizaje continuo; fortalece funciones cognitivas y favorece la interacción social. Por todo ello, dedicar tiempo al tejido u otras manualidades artísticas constituye una forma accesible y complementaria de apoyar la salud cerebral a lo largo de la vida.

 

UNAM Global

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