lunes 19 enero, 2026
Mujer es Más –
COLUMNAS COLUMNA INVITADA

COLUMNA INVITADA Tiempos de cristales azules

Por. María del Socorro Pensado Casanova

X: @mariaaspc / IG: @pcasanovams

“A mí lo que me preocupa es el otro maltrato, el que no deja marcas en la piel.”
Walter Riso

 

¿Blue Monday o violencia estructural? El pasado 13 de enero conmemoramos el Día Mundial de la Lucha contra la Depresión, y este lunes, es Blue Monday, más conocido como el día más triste del año. El tercer lunes de cada año se ha convertido en una fecha utilizada para romantizar la tristeza y desviar la atención de problemáticas estructurales que inciden diariamente en la salud mental. Como sabemos, el sentimiento de tristeza no responde a una fecha o temporada concreta, es decir, no dependemos del invierno para encontrarnos desanimados, o bien, para ser víctimas de las sensaciones que detonan una falta de motivación y ánimo en nuestro actuar.

De manera contraria, existen contextos sociales en los que la desigualdad, sí es de carácter permanente, y además lleva a la reproducción de violencias, en particular, de aquellas que reconocemos como invisibles: psicológica, emocional, económica y/o digital, por mencionar algunas. El cansancio emocional que lleva a la depresión es un síntoma común de las personas que viven en situaciones de riesgo latentes ocasionadas por las consecuencias de la cultura de violencia y discriminación. Por esto, precisar un día para normalizar nuestra propia infelicidad resulta poco útil, especialmente cuando cada año 720 mil personas deciden poner fin a sus vidas, de acuerdo con cifras de la Organización Mundial de la Salud.

¿Qué respuestas podemos encontrar para comprender por qué y cuándo ocurre la pérdida de los sentidos y el hartazgo de vivir? La depresión, el aislamiento y la violencia están profundamente vinculados, y para comprender sus causas y consecuencias es necesario analizar factores interseccionales como el género, la edad, el origen étnico, la clase social, la orientación sexual, la discapacidad, el nivel educativo, la religión, el entorno geográfico y los estados de salud física y mental.

El reconocimiento y la aceptación de las identidades personales junto con el sentido de la pertenencia a comunidades nos llevan a disfrutar la vida. Lo hacen de la mano con el ejercicio y goce de los derechos al libre desarrollo de la personalidad, dignidad humana, autonomía, seguridad, integridad, igualdad y una vida libre de violencias. Las personas que no logran aceptarse a sí mismas, ya sea como consecuencia de tratos discriminatorios en su contra o debido a la presencia de padecimientos psicosociales o psiquiátricos, enfrentan serias dificultades para satisfacer sus derechos fundamentales. Esta situación limita su acceso a una vida digna y genera una serie de indicios que afectan directamente su bienestar emocional y mental.

Es así como la discriminación y los prejuicios sociales se configuran como barreras que profundizan el desgaste psicológico y la pérdida progresiva del sentido de bienestar, incrementando la vulnerabilidad frente a la depresión, el aislamiento y el suicidio.

La falta de aceptación y el impacto de las violencias invisibles actúan como elementos clave en la aparición de obstáculos persistentes para desarrollar una vida plena y saludable, a los que se suman condiciones estructurales como la clase social, la precariedad económica y las dificultades vinculadas a la salud mental o psiquiátrica.

Existen múltiples casos, como la violencia contra las mujeres, en la que se entrecruzan contextos de violencia de género y desigualdad estructural, intensificando el daño, la exclusión y el riesgo para la vida. Se suman discursos que etiquetan a las nuevas generaciones como “generación de cristal”, los cuales desacreditan el cuidado de la salud mental y minimizan el sufrimiento. Al mismo tiempo estas conductas refuerzan prácticas discriminatorias hacia personas con discapacidad psicosocial, profundizando su estigmatización y vulnerabilidad social.

En tiempos de cristales azules resulta evidente que la depresión y la tristeza derivadas de la violencia estructural reflejan una realidad compleja y persistente que atraviesa a millones de personas en todo el mundo. Responsabilizar a las personas que sufren depresión no es la respuesta, se deben eliminar las condiciones que la originan mediante una atención integral efectiva y sostenida, con miradas que eviten culpabilizar a quienes la viven. Para la prevención se requiere, además, la revisión crítica de nuestras prácticas cotidianas y la forma en que nos relacionamos, reconociendo cómo cualquier acción u omisión puede vulnerar a otra persona. Asumir corresponsabilidad basada en cuidado, escucha y construcción de una vida digna e igualitaria es el inicio.

 


TE PODRÍA INTERESAR

 

COLUMNA INVITADA  Más ácidas que las limas

Artículos Relacionados

RETROVISOR  A nadie le importa limpiar la corrupción: Vania Pérez

Editor Mujeres Mas

Margarita Maza de Juárez

Editor Mujeres Mas

ENTRE LÍNEAS Y LETRAS Una primera parada

Editor Mujeres Mas

RIZANDO EL RIZO El mundo en vilo: el fantasma de la guerra en 2026

Editor Mujeres Mas

ACTOS DE PODER  La reforma Gómez

Editor Mujeres Mas

EL ARCÓN DE HIPATIA La 4T: cerrar los ojos a lo innegable

Editor Mujeres Mas
Cargando....
Mujer es Más es un medio en el que todas las voces tienen un espacio. Hecho por periodistas, feministas, analistas políticos y académicos que hacen de este sitio un canal de expresión para compartir historias, opiniones, victorias, denuncias y todo aquello que aporte en la vida de quien nos lee.